¿Por qué corremos?

Porque me siento vivo, porque me desestresa, porque es saludable, porque quiero mejorar mi rendimiento, porque otros lo hacen, porque me ayuda a perder peso, porque me siento libre, porque sufro ansiedad, porque tengo que…

Es posible que en muchos casos, incluyéndome a mí mismo, todas las respuestas puedan ser ciertas y válidas, pero me gustaría creer que si corremos es por una única y sencilla razón, porque lo hemos elegido así. 

En muchas ocasiones, creo que nos olvidamos de lo que realmente nos hace dar ese primer paso. Antes, para correr no hacía falta más motivación que la de elegir hacerlo, y muy posiblemente, a medida que va pasando el tiempo, encontramos otras motivaciones que nos animarán a seguir incrementando nuestras sesiones, nuestras salidas o incluso nuestros objetivos y retos, pero también nos irán imponiendo la obligación de tener que correr. Por esto mismo, no debemos olvidar que todos empezamos a correr porque elegimos hacerlo.

Y sí, muchos ahora me dirán, sí claro, nadie nos obligó a correr pero en realidad lo hice porque fumaba o porque es sano o por lo que sea. 

Podriais haber ido al gimnasio, pero no fue así, tampoco elegisteis ir a bailar, ni a jugar a fútbol o las mil millones de actividades que también ayudan a todos con esos factores externos que nos hacen salir de nuestro equilibrio físico y mental. De todos ellos elegimos uno, correr. 

En mi caso empecé a correr hace muchos años, de hecho fue en otro siglo y en otro milenio, pero lo curioso es que en aquel entonces no tenía ninguno de esos “porque”, no había ningún motivo aparente, simplemente me gustaba y por eso empecé. Hoy ciertamente tengo otras motivaciones y otros objetivos, además tengo la suerte de ayudar a otros planificando sus entrenamientos y dinamizando eventos en los que les intento ayudar a correr sin pensar, a disfrutar corriendo, y eso también me permite disfrutar de otra manera de correr.

Porque ese debe de ser el único motivo por el que hacemos las cosas, porque nos apetece y porque nos gusta hacerlo. Obviamente, en muchísimas ocasiones no podemos hacer uso de nuestro poder de elección para hacer aquello que nos gusta, pero no me diréis que nunca habéis escuchado la frase “encuentra un trabajo que te guste y no volverás a trabajar nunca”.

Algunos de los corredores que entreno y muchos conocidos me preguntan “¿cuantas series tendría que hacer?” “¿Cuantos kilómetros a la semana?”, otros en cambio cuando les dices que le puedes ayudar si quieren, me contestan lo típico de “yo no entreno con entrenador porque me obliga a correr” o la que más me sorprendió “yo no quiero un entrenador porque conozco gente que no disfruta y se agobia”.

Desde luego, si algo no te hace disfrutar, si puedes, cámbialo. 

No todos los seres humanos empatizamos igual, y este puede que sea el kit del porqué no disfrutamos con un entrenador o con su manera de entrenarnos mejor dicho, pero yo corro porque me apasiona hacerlo, y del mismo modo, me apasiona tanto o más, ayudar a otros a que correr sea una pasión común. 

El nivel, la intensidad o los retos son motivaciones secundarias, el objetivo principal siempre debe ser disfrutar.

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