Compresiva sí, compresiva no…

Cuántas veces hemos visto a profesionales batiendo récords llevando unas increíbles perneras compresivas y hemos pensado, me voy a comprar unas de esas para mejorar mis marcas. O cuantos comentarios de amigos y/o conocidos nos aconsejan su uso porque nos aportarán un mejor rendimiento, etc…, pero ¿realmente funcionan?

Como diría el gran Pau Donés, “depende”. Y en este caso además, no depende solo de según como se mire, si no que hay muchísimos más factores que afectan. 

Lo primero que debemos tener en cuenta es que hay muchos tipos de compresión, normalmente suelen estar categorizados en 4 grados en función de la presión que ejercen o de su densidad, y obviamente no todos tienen los mismos efectos ni todos sirven para todo el mundo. En este sentido, más presión no es mejor si no que incluso puede ser todo lo contrario. Además deberemos tener en cuenta también el tipo de  compresión que ejerce, si es gradual o de otro tipo.

En este sentido, además, el historial lesivo puede tener mucho que decir a la hora de decidir si correr o no con compresivas, que tipo de compresión nos irá mejor o incluso si sería algo a tener como un complemento de uso recurrente o solo esporádico. En cualquier caso, siempre sería muy aconsejable comentar esta decisión con vuestros fisioterapeutas por ejemplo. 

No obstante y por lo general, eliminando de la ecuación a los corredores más entrenados y quitando las marcas más técnicas, categorizadas y con recomendaciones y contraindicaciones explicadas y las patologías y casos más complejos, existen una amplia variedad de productos que carecen de estas certificaciones de presión y que suelen ser compresiones leves o muy leves que obviamente no van a tener ni los mismos beneficios ni las mismas contraindicaciones. 

Pero, y entonces ¿para qué quiero una media de compresión leve si no me ayuda a mejorar mi rendimiento en carrera?

Sin que nadie se moleste, y siendo sincero, no todo el mundo necesitamos una compresiva de 50€ con un grado de compresión de entre 25 mmHg y 35 mmHG. Pero esto no quita que no podamos o debamos ayudarnos de una compresión más leve en algunos momentos. 

En el caso de las compresivas leves para durante el ejercicio uno de los beneficios que nos van a aportar es la reducción de movimientos innecesarios y vibraciones de nuestros músculos. Esto ayuda a que el riesgo de lesionarnos sea un poco inferior y a disminuir nuestra fatiga o mejor dicho, el tiempo de recuperación posterior, una vez finalicemos la actividad. Si hacemos referencia a las compresivas de recuperación para después del ejercicio, el mayor beneficio suele ser ayudar al retorno venoso, por lo que en general nos ayudan a descansar las piernas tras una sesión dura o competición reduciendo el tiempo de recuperación de la misma e incluso a veces se utilizan para largos viajes o estar muchas horas sentado. 

En mi caso, las que más utilizo son las de relajación tras mis sesiones de entrenamiento de trail y mis competiciones. Pero si tengo las piernas un poco cargadas, o el entrenamiento es de alta intensidad, me gusta ponerme un calcetín o pernera durante la sesión, para que me de esa sensación de sujeción y/o seguridad. 

No obstante, como siempre digo, esto es solo una opinión más de las muchas que puede haber y en ningún caso es condición de que sea o tenga que ser así siempre. Cada caso y cada persona es un mundo y ante la duda, lo mejor siempre será consultar a un especialista.

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