La Brama hay que vivirla

Varias veces he comentado en mis redes que Jordi y Tomàs, de Bifree Sports, saben perfectamente cómo quieren hacerte sentir en cada uno de sus eventos. Y, además, lo consiguen.

Con seis ediciones de la Costa Brava Stage Run a mis espaldas (y camino de la séptima), la Brama Stage Run se me antojaba una carrera más pequeña, más local, más cercana a los eventos convencionales. Para mí, la CBSR siempre ha tenido algo especial, emocional. Era el mejor evento en el que había corrido, sufrido y disfrutado a partes iguales. Al menos, hasta ahora.

Este año me apunté al formato de 60K, con 3.200 metros de desnivel positivo repartidos en tres etapas. Lo que han conseguido con la Brama es que cada etapa, cada tramo, cada subida, llano o bajada tenga un sello propio. No hay dos etapas iguales: cada una tiene su propia complejidad, aunque todos los caminos te lleven a la misma meta. Tienes que aprender a gestionarlas y a correrlas de maneras totalmente distintas.

Llegué sin ninguna pretensión, con la idea de disfrutar y poco más. Pero tras la primera subida larga me encontré peleando por una posición en el podio. Y ahí la carrera cambió por completo. Cada bajada, cada avituallamiento y cada decisión empezaron a tener otro peso. Terminé tercero en la primera etapa, tercero en la segunda y segundo en la última, bajo la lluvia, lo que me dio el tercer puesto de la general. Esa mezcla de disfrutar y competir sin haberlo buscado es lo que la ha convertido, hasta la fecha, en la carrera que más pasión por correr me ha hecho sentir en los últimos años.

Montañas de un verde increíble, bosques en los que no ves la salida, valles que te hacen sentir diminuto. El último día, la lluvia fue la protagonista. Las nubes y la niebla envolvieron bosques y montañas y le dieron a todo un aire místico que no olvidaré. Pero, más allá del entorno, está el verdadero valor añadido: todos y cada uno de los voluntarios que, con sol o con lluvia, están ahí esperándote en cada avituallamiento y en cada punto de control, ya sea en un pequeño cruce o en lo alto de una cima. En eventos tan complejos como este, nada sería posible sin ellos.

Por todo ello, la Brama no solo me ha enamorado y se ha convertido en una de mis carreras favoritas, sino que me ha dejado con ganas de más, a pesar del cansancio, del frío y del dolor de piernas.

Así que, como se suele decir, volveré. No sé si más fuerte, pero sí con las mismas ganas de disfrutarla.

Porque, sea como sea, La Brama hay que vivirla.

Deja una respuesta

Blog de WordPress.com.

Subir ↑